El tesoro detrás de los kilos perdidos

Asian woman weight loss and diet concept

Perder peso no es sólo un asunto de estética y/o salud, es un logro, una conquista personal.

Para iniciar el camino necesario para llegar a tu meta has tenido que hacer  también cambios significativos en tu ser, en tu mentalidad, has fortalecido tu disciplina y te has visto motivado a modificar hábitos poco saludables y nocivos.

En este camino vas dejando atrás tu viejo concepto de ti mismo, ese que te llevo a perder el equilibrio en tu cuerpo, a maltratarlo, a abusar de tu organismo por diversas razones que hoy puedes ver claramente o al menos intuir.

¿Cómo llegaste a un estado de sobrepeso y enfermedad? Podemos citar acá varias razones y muchas de ellas fuera de tu control y dominio.

Las raíces de esta condición están en tu infancia y los hábitos y costumbres familiares, en tu adolescencia y los problemas y conflictos de identidad y seguridad en ti mismo, en tu incipiente adultez y las exigencias de esta etapa en la que debiste enfrentar los retos de ser adulto, de elegir carrera, trabajo, estado civil y demás decisiones trascendentales de vida, algunas de ellas erradas, otras tomadas a la carrera o bajo algún tipo de presión y que no tardaron en convertirse en fuente de insatisfacción, frustración  y ansiedad.

En  la infancia formamos nuestro concepto del mundo, de lo permitido, lo normal y aceptable. ¿Cómo lo aprendemos? Imitando, acatando reglas, normas y modos de ser y estar en el entorno familiar, social y escolar.

No cuestionamos, imitamos, a esta edad poco nos importa si estamos delgados, un poco o muy pasados de peso, comemos lo que nos sirven en casa y en el colegio, sin filtro ni criterios de elección, no tenemos la capacidad de discernir si es bueno o malo para nuestro cuerpo y de esta manera formamos e integramos hábitos que perduran en nuestra  psique.

Llegada la adolescencia comenzamos a comprender que en la sociedad hay ciertos estándares que determinan si un cuerpo es atractivo y saludable, comienza la comparación, la clasificación entre los bellos, los promedio y los feos.

Entonces te das cuenta de que esos cachetes que a mamá le parecen adorables no forman parte de los cánones  de belleza, o puedes descubrir que fuiste uno de los pocos favorecidos en la repartición de belleza, lo que te hace merecedor de una popularidad inesperada sobre la cual comienzas a establecer el valor de ti mismo.

Déjame explicar mi punto: en la sociedad actual el empaque, lo externo y la apariencia son valores determinantes, no podemos negarlo, en cualquier caso, terminas definiendo tu valor como persona basado en este aspecto superficial y tu autoestima se ve favorecida o disminuida según tu puntaje en la escala de comparación.

Cuánto sufrimos en esta etapa: por bellos, por flacos, por gordos, por altos, por bajitos, cuánta fragilidad e inseguridad se anidan en nuestro ser a esta edad. Cualquier cambio que intentemos hacer en nuestra apariencia será cuestionado en nuestra casa, saboteado por falta de conocimiento o desalentado por el entorno.

Nuevas creencias entraran en nuestras mentes, de otras fuentes y de maneras a veces muy crueles, comenzarás a medir tu valía, tu capacidad, tu derecho a pertenecer, a ser aceptado, a ser amado y sobre todo a ser suficiente con base en tu apariencia.

Obviamente creces, adquieres seguridad, cuestionas, encuentras otras fuentes de valoración, adoptas nuevos intereses y  maduras… pero el condicionamiento queda ahí, grabado en tu subconsciente, los hábitos, las costumbres, las normas, las creencias, la aceptación y el rechazo, las palabras halagadoras e hirientes, ahí están, dirigiendo tu vida sin que apenas te des cuenta.

Y de pronto un día, con la madurez y el conocimiento acumulados a lo largo de la vida, te das cuenta de que los hábitos, la costumbre, las creencias y la manera que elegiste para vivir no te han dado buenos resultados, el médico te informa que bajar de peso es imperativo, tu obesidad afecta tu salud y rendimiento, estás enfermo, te duelen las articulaciones, te sientes  insatisfecho con tu apariencia, sabes que ha llegado el momento de cambiar, sabes cómo, sabes qué hacer, entiendes lo que sucede en tu cuerpo.

Tomas una decisión, voluntaria o impuesta, das el primer paso, quieres cambiar, pero comienza una lucha entre tu elección consciente y tu inercia subconsciente.

La mente subconsciente es la que determina nuestras acciones automáticas, esas que hacemos sin pensar, sin necesitar de nuestra atención y consciencia, después de haber aprendido algo se integra al subconsciente y ya no requiere de nuestra plena atención, actividades como bañarte los dientes, manejar el carro, atar tus zapatos, usar este teclado para escribir, son cosas que en su momento aprendimos mediante la atención y repetición hasta convertirlas en actos reflejos.

Los hábitos por ejemplo están fuertemente arraigados en nuestro subconsciente, crear uno nuevo requiere de disciplina, esfuerzo, atención, repetición… y cambio, una  palabra que el subconsciente rechaza, el cambio equivale a peligro, exige mas energía de la actual, estar atento, salir de lo cotidiano, implementar nuevas acciones, otro nivel de pensamiento, cuestionar lo aprendido…

Cambiar no es fácil, pero es posible y es un logro maravilloso, no sólo cambias tus hábitos, cambias tu como persona, te conviertes en alguien más consciente, más disciplinado, comienzas a trabajar no sólo en tu cuerpo sino en tu mente, en tus creencias, en tu autoconcepto, haces elecciones de vida que transforman tu peso, tu salud, tu cuerpo y lo más importante: tu futuro.

De pronto te das cuenta de que cada pequeña victoria fortalece tu determinación, comienzas a entender que tu elección es una conquista diaria de ti mismo, que con cada paso en dirección a tu objetivo creces.

Cambias tu mentalidad, eliminas creencias limitantes, creas una nueva manera de pensar respecto a tu cuerpo, a la alimentación y a la salud.

Cambias tu actitud respecto a tu cuerpo, dejas de ver la pérdida de peso como un logro mágico producto de dietas milagro y suplementos engañosos, mejoras tu autoestima y con ella tu estado de animo que además se ve favorecido por el cambio en tu alimentación.

Cambias tus acciones, eliminas viejos hábitos y comienzas a dar día a día pequeños pasos que sumados crearán el camino hacia nuevos y mejores hábitos para ti y para tus objetivos.

Mejoran tus resultados y  con ellos la motivación para seguir adelante y mantener tu propósito en el tiempo.

Cambias tu y cambia tu Estilo de Vida, te conviertes en una persona que se ama y se cuida, que lleva una vida saludable, que es consciente de lo qué come y lo que esto hace en su cuerpo y en su salud, te conviertes en ejemplo y guía para los demás, cambias tu pronostico a largo plazo y vislumbras esperanzado un nuevo destino para ti y para los tuyos.

Como ves asumir el tema de la perdida de peso y la salud como una elección consciente de cambio de vida y no como una medida temporal de emergencia, te ayuda a cambiar tus resultados físicos, mentales y de actitud para lograr  una transformación integral de tu vida a todo nivel.

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Nos vemos pronto,

 

Diana

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